Blogia
El lugar y la mirada

Poesía

Lázaro

Lázaro

1

Al nomás pisar el umbral de luz eterna
Que te ciega, ya no eres tú, tienes en ti
La misma eternidad que el primer hombre
Que pisó la Eternidad

Oh, Madre lujuriosa, oh Madre suma,
Oh, lis de luz finísima feliz,
Oh, marrana putísima que hozas
Los supremos carates de la espuma.

2

Nos dormimos y seguimos de largo
O despertamos
Alguna vez seguiremos dormidos caminando
Sin saber que estamos dormidos
Sin saber que caminamos
Sin saber que despertamos.

          (fragmento)

  Luis Cardoza y Aragón

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

Brindis fúnebre (Stéphane Mallarmé)

Brindis fúnebre (Stéphane Mallarmé)

 

a Théophile Gautier

Oh tú, de nuestra dicha el emblema fatal!

¡Salud de la demencia y pálida libación,

No a la esperanza mágica del corredor ofrezco

La hueca copa en que, áureo monstruo sufre!

Tu aparición no habrá de serme suficiente:

Yo mismo te he guardado en un lugar de pórfiro.

El rito de las manos es apagar la antorcha

Contra el pesado hierro de la fúnebre losa:

Y apenas ignoramos que a nuestra fiesta vienes

Porque es fácil cantar la ausencia del poeta

Que este bello sepulcro encierra toda entera.

Si no es más que la gloria ardiente del oficio

Llegada la hora común y vil de la ceniza

Orgullosa descienda por el claro orificio

Y tome hacia los fuegos del puro sol mortal!

 

Magnífico, total y solitario, así

Tiembla ante el falso orgullo de los hombres.

Esta turba mezquina ya lo anuncia: que somos

La triste opacidad de nuestro espectro futuro.

Mas desprecié el lúcido horror de una lágrima

Blasón de duelo que orna el vano muro

Cuando sordo a mi sacro verso que no lo alarma,

Uno de esos paseantes, ciego, impasible y mudo,

El huésped de su vago sudario, en el héroe

Virginal de la póstuma espera se transmuta.

Vasto abismo traído en la masa de bruma

Por el viento irascible de sus palabras tácitas,

La nada había abolido a este hombre hace mucho:

«Recuerdo de horizontes ¿qué es, oh tú, la Tierra?»

Clama el sueño y, voz de alterada claridad,

Todo el espacio juega con el grito « ¡No sé! »

 

Al pasar el Maestro, con su mirar profundo

Del edén apacigua la inquieta maravilla

Cuyo espasmo final sólo en su voz aviva

Para el Lirio y la Rosa el misterio de un nombre.

¿De todo este destino queda algo todavía?

Olvidad, oh vosotros, creencia tan sombría.

El genio, espléndido y eterno, no arroja sombra alguna.

¡Yo, atento a vuestras ansias quiero volver a ver

Al que desvanecido ayer en la tarea

Ideal que nos imponen los jardines del astro,

Sobrevive para el honor del tranquilo desastre

Una agitación solemne por los aires

De palabras, púrpura ebria y clarísimo cáliz

Que, lluvia y diamante, la mirada diáfana

Posada entre las flores sin marchitar ninguna

Aísla entre la hora y la alborada!

 

Es el único sitio entre estos bosquecillos

Donde el poeta puro con gesto humilde y amplio

Impide el paso al sueño, enemigo de su arte:

Para que en la mañana de su reposo altivo,

Cuando la antigua muerte sea como para

Gautier No abrir ya más los ojos sagrados y callar

Suda, de la avenida tributario ornamento,

El sólido sepulcro que guarda lo que turba

El avaro silencio y la masiva noche.

(versión: Salvador Elizondo)

Tanto Soñé Contigo (Robert Desnos)

 

Tanto soñé contigo que pierdes tu realidad.
¿Todavía hay tiempo para alcanzar ese cuerpo vivo y besar
sobre esa boca el nacimiento de la voz que quiero?
Tanto soñé contigo que mis brazos habituados a cruzarse sobre
mi pecho cuando abrazan tu sombra, quizá ya no podrían
adaptarse al contorno de tu cuerpo.
Y frente a la existencia real de aquello que me obsesiona y
me gobierna desde hace días y años, seguramente me
transformaré en sombra.
Oh balances sentimentales.
Tanto soñé contigo que seguramente ya no podré despertar.
Duermo de pie, con mi cuerpo que se ofrece a todas las
apariencias de la vida y del amor y tú, la única que cuenta
ahora para mí, más difícil me resultará tocar tu frente
y tus labios que los primeros labios y la primera frente
que encuentre.
Tanto soñé contigo, tanto caminé, hablé, me tendí al lado de
tu fantasma que ya no me resta sino ser fantasma entre
los fantasmas, y cien veces más sombra que la sombra que
siempre pasea alegremente por el cuadrante solar de tu vida.

 

Versión de Aldo Pellegrini


Arte poética

Arte poética

 

Mirar el río hecho de tiempo y agua

y recordar que el tiempo es otro río,

saber que nos perdemos como el río

y que los rostros pasan como el agua.

Sentir que la vigilia es otro sueño

que sueña no soñar y que la muerte

que teme nuestra carne es esa muerte

de cada noche, que se llama sueño.

Ver en el día o en el año un símbolo

de los días del hombre y de sus años,

convertir el ultraje de los años

en una música, en un rumor y un símbolo,

Ver en la muerte el sueño, en el ocaso

un triste oro, tal es la poesía

que es inmortal y pobre. La poesía

vuelve como la aurora y el ocaso.

A veces en las tardes una cara

nos mira desde el fondo de un espejo;

el arte debe ser como ese espejo

que nos revela nuestra propia cara.

Cuentan que Ulises, harto de prodigios,

lloró de amor al divisar su Itaca

verde y humilde. El arte es esa Itaca

de verde eternidad, no de prodigios.

También es como el río interminable

que pasa y queda y es cristal de un mismo

Heráclito inconstante, que es el mismo

y es otro, como el río interminable.

 

Jorge Luis Borges


Paisajes (Henri Michaux)

Paisajes (Henri Michaux)

 

Paisajes apacibles o desolados

Paisajes más del camino de la vida que

de la superficie de la tierra

Paisajes del tiempo que lentamente fluye

casi inmóvil, y en ocasiones como si se

echara en reversa.

Paisajes de fragmentos, de nervios lacerados,

de saudades.

Paisajes para cubrir llagas, el acero, el

destello, el mal, la época, la soga al cuello,

la movilización.

Paisajes para abolir los aullidos.

Paisajes como se cubre la cabeza con una sábana.

versión: José Emilio Pacheco

imagen: Floriana Barbu

Esfinges (Henri Michaux)

Esfinges (Henri Michaux)

 

Todo cae, dice el Maestro de Ho. Todo cae.

Tú mismo vagas ahora entre

las ruinas del mañana.

 

Esfinge el hombre que te habla, el hombre

que fuiste, el padre que fue tuyo.

¿Qué has aprendido de las preguntas hechas

por la Esfinge?

 

Quien no disuelve al que se encamina

hacia él, ve forjarse en él una Esfinge, y de

qué se muere uno sino de Esfinge.

 

Todo se endurece, dice el Maestro de Ho.

Todo se endurece y vuelve a la mente.

El gesto que no terminamos, la debilidad del

ánimo, la objeción que ofende al odio.

 

La sonrisa, la cara pura que contemplas ávidamente,

a su vez son Esfinge, ella también incomprendida.

 Esfinge que te abrirá una llaga y, andando el tiempo,

cerrará tu camino con duros roquedales infinitos.

 

Todo deja residuo. Todo se petrifica, dice el Maestro

de Ho. Lo mismo el labio qu la piedra. Lo mismo el rayo

que la ruina.

 

versión: José Emilio Pacheco 

Éxodo

Éxodo

Descienden planos como estratos labrados en los templos. Abajo los hombres revueltos con las bestias, aridez, sudor vuelto a secar. Y seguir con un botín de fatiga mortal, de odio sin objeto.

Bajo la noche se agolpan los pensamientos- cuerpo sobre cuerpo,

vientres exangües. Descenso hacia los pliegues profundos.

Un caldero funde entre las lajas sueltas mascarillas, monedas, el espejo que multiplica un mismo rostro.

Recuento perdido en los declives. El mirlo, dicen, denuncia lo que acecha a la vueta de los desfiladeros. Ruido de cascos, cabalgatas desde el sueño

-vías condenadas. Y el agua tiñéndose de rojo.

En la piel reaparecen las marcas.

La muerte se mete por los poros. Muchedumbres silenciosas

como cráteres extintos. Una flauta se oye desde los toldos.

El humo se abate en la llanura.

Lejos, el tren detenido como un caparazón deshabitado.

¿Dejaron de ser dioses? Sien herida por un disco, crin ya vuelta llama. La planicie salía de la oscuridad,

antes de los dioses,

cuando el mundo ya era.

Sobre la tierra seca migraciones de flamencos anidan entre el lodo y la sal. En la orilla se acumula la existencia precaria, insectos-

materias volátiles como impulsos irreflexivos.

Huellas desencontradas donde empiezan travesías

sin término. El apremio dispersa alas pequeñas,

escamas de nácar

vuelan en el atardecer.

Sombra indecisa entre los glifos, estación sin premura-

difiere el ciclo de lo húmedo. En los esteros secos

flores de papiro se deshacen. Y las pequeñas madres

-amuletos de barre, cuelgan de los árboles,

se balancean. 

Elsa Cross (sobre una foto de Sebastiáo Salgado)


Writing the picture

Writing the picture

 

Mistakes, like the ill-chosen furniture

Of the settled life, surround me now.

I am their willing prisoner.

They are my destiny, my vow:

The cigarette case, the divorce

The too-long lunch-time and the lunch-time horse.

But though it can’t be guaranteed,

There is a crest to every slope,

Forgiveness in another’s need

Of you, a need that gives you hope.

I’d take the bus to anywhere

To bring my grandson his old teddy-bear

 

 

John Fuller

Marina

Marina

 

Qué exhaustas aguas contra la frágil costa,

qué oleada gris contra los postes. E islas

más allá y bancos donde un incierto afán

se separa del día que nos deja.

 

Qué dispersas lluvias navegas, qué luces.

¿Cuáles? ignora si no finge el pensar,

si no recuerda niega: allá viví,

consciente aquí del tiempo de otro modo.

 

Qué memoria heredamos, qué imágenes,

qué edades no vividas, qué existencias

fuera de la alegría y del dolor

luchan en la marea con los muelles

 

o en el mar que florece y se despide.

Regresas tú, te acoges a esta orilla

y en el cielo que zarpa chirría un pino

de pájaros que vuelven, corazón.

 

Mario Luzi (versión Rodolfo Alonso)

 

En abril de 1944, Paris todavía respiraba

En abril de 1944, Paris todavía respiraba

 

Descendíamos hacia el río fiel: ni su ola ni nuestros ojos habían 
                                                                                 abandonado a París.
No pequeña ciudad, sino ciudad infantil y maternal.
Ciudad que todo lo atraviesa, como un sendero de verano,
lleno de flores y de pájaros, como un beso profundo, lleno también 
de niños sonrientes, y de madres frágiles.
No una ciudad en ruinas, sino una ciudad compleja, marcada por
                                                                                           su desnudez.

Ciudad entre nuestras muñecas como una atadura rota, entre nuestros
ojos como un ojo ya visto, ciudad repetida indefinidamente como un
                                                                                                        poema.
Ciudad siempre semejante a sí misma.
Vieja ciudad... Entre la ciudad y el hombre no había ni siquiera el espesor
                                                                                                    de un muro.
Ciudad de la transparencia, ciudad inocente.

Entre el hombre abandonado y la ciudad desierta, había más que 
                                                                                                    el espesor de un espejo.
Sólo había una ciudad que presentaba los colores del hombre, tierra 
                                                                                                 y carne, sangre y savia.

El día que juguetea en el agua, la noche que muere sobre la tierra.
El ritmo del aire puro es más fuerte que la guerra.
Ciudad con la mano tendida, y, entonces, todo mundo  ríe y todo mundo
                                                                                           goza. Ciudad ejemplar.

Nadie pudo saltar los puentes que nos conducían al sueño y del sueño 
                                       a nuestros sueños y de nuestros sueños a la eternidad.
Ciudad perdurable, donde viví un día nuestra  victoria sobre la muerte.

PAUL ELUARD

imagen: Willy Ronis

El mundo del lenguaje

El mundo del lenguaje

Viene un ser hacia ti
y lo formas de palabras
pero la cámara oscura del cerebro
te resulta extraña
como los pequeños demonios de la vida de un eremita.
A veces una aparición devastadora
brota entre las sílabas
como la polilla que anidó
en la herida de púrpura del soldado.

La guerra es real.
Noches en calma y la luna
pausas engañosas
instigadoras del crimen.
Las palabras menguan.
Al más frágil
y solitario lenguaje del mundo
he tratado de salvar hoy.
De la vena cortada del amor
señales en Morse:
gotean lentamente
lo lograré, más tarde.

Denisa Comanescu

Traducción de Joaquín Garrigós

imagen: Frank Kapra

 


¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres.

La canción de la novia

La canción de la novia

 

Amado mío se acerca el desierto

Aparta resoplando la arena ardiente

Siento cómo se aferran las garras de la quemadura

en el gris de la roca del alma

 

¡Oh! Amado mío, junta tus manos al rezar

escucha cómo zumba el fin en los oídos

espera que se te escurra la sangre del anochecer de tu boca

y los recuerdos te muerdan el cuerpo

los recuerdos con olor íntimo de escondites remotos

 

En los llantos del atardecer se ha apagado la luz de tu boca

La sombra del bosque sigue vibrando

Hago del corazón sendero para tus dolores, muñeca

Mi corazón con tantas bellas manchas

Con bordes de heridas como los vestidos de las mozas

y arcoiris de ceniza

 

La flor de los faroles se ha marchitado

Se le ha doblado el tallo en la humedad de la oscuridad

La luna se ha encerrado por encima de las nubes

como el corazón de la abadesa en la antigüedad de un monasterio

Te he encerrado yo también en la noche del cementerio

donde vuelan pájaros de hierro

frágil amor arrancado en silencio de una lápida de una azucena tímida

los árboles son crisantemos de hielo

y tú te has helado en el cielo al lado de una bella oración.

 

TRISTAN TZARA

 

Versión  de Darie Novácenau

 

imagen: Abbas, casamiento en Kabul (novio ausente)

 

El año es como el año hace mil años

El año es como el año hace mil años


 

El año es como el año hace mil años,

Llevamos el cántaro y golpeamos el lomo de la vaca,

Segamos sin querer saber nada del invierno,

Sin saber nada bebemos mosto,

Pronto habremos sido olvidados

Y los versos se desharán como nieve ante la casa.

El año es como el año hace mil años,

Miramos el bosque como establo del mundo

Mentimos y tejemos cestos para peras y manzanas,

Dormimos mientras nuestras botas sucias

Se descomponen ante la puerta de la casa.

El año es como el año hace mil años,

No sabemos nada,

No sabemos nada del ocaso,

De las ciudades hundidas, de la corriente

En que se ahogaron hombres y caballos.

 

      Thomas Bernhard

 

TRADUCCIÓN: Miguel Sáenz

imagen: Eugene Atget

Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas...

Nos reciben las calles conocidas
y la tarde empezada, los cansados
castaños cuyas hojas, obedientes,
ruedan bajo los pies del que regresa,
preceden, acompañan nuestros pasos.
Interrumpiendo entre la muchedumbre
de los que a cada instante se suceden,
bajo la prematura opacidad
del cielo, que converge hacia su término,
cada uno se interna olvidadizo,
perdido en sus cuarteles solitarios
del invierno que viene. ¿Recordáis
la destreza del vuelo de las aves,
el júbilo y los juegos peligrosos,
la intensidad de cierto instante, quietos
bajo el cielo más alto que el follaje?
Si por lo menos alguien se acordase,
si alguien súbitamente acometido
se acordase... La luz usada deja
polvo de mariposa entre los dedos.

       Jaime Gil de Biedma

imagen: Willy Ronis

Para los lectores

Para los lectores

 

Allá está mi casa. Más allá es sol y el huerto con colmenas.

Vosotros pasáis por el camino, miráis por entre las rejas

y esperáis a que os hable. ¿Cómo empezar?

Creedme, creedme,

se podría hablar sobre cualquier cosa cuanto se quisiera:

sobre el destino y sobre la serpiente del bien, 

sobre los arcángeles que surcan con su arado

los jardines del hombre,

sobre el cielo hacia el cual crecemos,

sobre el odio y la caída, sobre tristezas y crucificaciones

y más que nada sobre el gran correr.

Pero las palabras son las lágrimas

de los que quisieron llorar y no pudieron.

Son tan amargas todas las palabras,

por esto, dejadme

pasear mudo entre vosotros,

salir a la calle con los ojos cerrados.

 

LUCIAN BLAGA

(VERSIÓN DE DARÍO NOVÂCEANU)

imagen: anónimo, Connecticut, siglo XIX

 



 

Como por milagro

Como por milagro

 

 

Como por milagro

Naranjas en las ramas de un naranjo

Como por milagro

Un hombre se adelanta

Poniendo como por milagro

Un pie delante de otro para andar

Como por milagro

Una casa de piedra blanca

Detrás de él sobre la tierra está posada

Como por milagro

El hombre se detiene al pie del naranjo

Toma una naranja la monda y la come

Arroja la cáscara a lo lejos y escupe las pepitas

Saciando como por milagro

Su gran sed de la mañana

Como por milagro

El hombre sonríe

Mirando al sol que se levanta

Y que luce

Como por milagro

Y el hombre deslumbrado vuelve a su casa

Y reencuentra como por milagro

A su mujer dormida

Maravillado

De verla tan joven tan bella

Y como por milagro

Desnuda al sol

Él la mira

Y como por milagro ella se despierta

Y le sonríe

Como por milagro él la acaricia

Y como por milagro ella se deja acariciar

Entonces como por milagro

Pájaros de paso pasan

Que pasan como eso

Como por milagro

Pájaros de paso que se van hacia el mar

Volando muy alto

Por encima de la casa de piedra

Donde el hombre y la mujer

Como por milagro

Hacen el amor

Pájaros de paso por encima del jardín

Donde como por milagro el naranjo acuna sus naranjas

En el viento de la mañana

Echando como por milagro su sombra sobre el camino

Sobre el camino donde un sacerdote avanza

La nariz en su breviario el breviario en sus manos

Y el sacerdote caminando sobre la cáscara de naranja arrojada por

el hombre a lo lejos

Resbala y cae

Como un sacerdote que resbala sobre una cáscara de naranja y

que cae sobre un camino

Una linda mañana.

 

    JACQUES PRÉVERT

    Versión: Rodolfo Alonso

    Imagen: Willy Romis

Elegía

Elegía

Tiembla la misma agua y la misma hoja
bajo los golpes del mismo reloj.
¿En qué mundo, en qué sueño te has detenido?
Celestial, ¿bajo qué hierbas te quedaste?

Se vierten en mí los caminos,
todos los que pasaste.
El espejo conserva aún tu rostro
después de partir.

Sin pensamientos, sin ímpetu, sin voz,
seco los ojos húmedos con la manga.
Un vecino escucha por la pared
la negra paciencia del mismo paso.

Lucian Blaga

traducción: DARÍO NOVÂCEANU

Imagen: Carlos de Landa

en algún lugar que nunca recorrí...

en algún lugar que nunca recorrí...

 

en algún lugar que nunca recorrí, felizmente más allá
de toda experiencia, tus ojos tienen su silencio:
en tu más frágil ademán hay cosas que me incluyen,
o que no puedo tocar porque están demasiado próximas;

tu más leve mirada fácilmente me abrirá
aunque haya cerrado las mías como dedos;
me abres siempre pétalo por pétalo como la Primavera abre
(tocando diestramente, misteriosamente) su primera rosa

o si deseas estar junto a mí, yo y mi vida
nos cerraremos hermosamente, súbitamente
como el corazón de esta flor cuando imagina
la nieve descendiendo minuciosamente en todas partes

nada de lo que percibiremos en este mundo iguala
el poder de tu intensa fragilidad: cuya textura
me impulsa con el color de sus regiones
devolviendo la muerte y para siempre con cada aliento

(no sé qué hay en ti que se cierra
y se abre; sólo algo en mí comprende
la voz de tus ojos más profunda que todas las rosas)
nadie, ni siquiera la lluvia, tiene manos tan pequeñas.

e. e. cummings

(versión de adolfo bioy casares y jorge luis borges)

imagen: Takeyoshi Tanuma

El ave desertora

El ave desertora


A mediodía visito al porvenir
Por la mañana el porvenir me encanta
A todas horas quiero
Mi dotación de mariposas
Con ojos verdes
Pintados en las alas
Estoy en mi derecho
El cielo que pido es mío
Quiero ser otra y amanecer la misma
Denme mis bodas de fuego
Con la infancia ensimismada
Me voy me voy me voy
Soy el ave de cresta roja
Y huesos y alas transparentes 
Ustedes entienden todo
No quiero abandonar a nadie
Lo siento dispénsenme
Me voy porque me necesito
Cascadas esbeltas de animales
Surgen de una sola nube
Ellos vendrán con panes como nieve
Ellos vendrán a sustituir
La tajada de sol que yo me llevo.

Marco Antonio Montes de Oca

imagen: Nobuyoshi Araki

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

Visitas a St. Elizabeth

Visitas a St. Elizabeth

 

Ésta es la casa de los locos. 

Éste es el hombre 
que está en la casa de los locos. 

Éste es el tiempo 
del hombre trágico 
que está en la casa de los locos. 

Éste es el reloj-pulsera 
que da la hora 
del hombre locuaz 
que está en la casa de los locos. 

Éste es el marinero 
que usa el reloj 
que da la hora 
del hombre tan celebrado 
que está en la casa de los locos. 

Éste es la rada hecha de tablas 
adonde llega el marinero 
que usa el reloj 
que da la hora 
del viejo valeroso 
que está en la casa de los locos. 

Éstos son los años y los muros del dormitorio, 
el viento y las nubes del mar de tablas 
navegado por el marinero 
que usa el reloj 
que da la hora 
del maniaco 
que está en la casa de los locos. 

Éste es un judio con un gorro de papel periódico 
que baila llorando por el dormitorio 
sobre el mar de tablas rechinantes 
más allá del marinero 
que da cuerda al reloj 
que da la hora 
del hombre cruel 
que está en la casa de los locos. 

Éste es un universo de libros desinflados. 
Éste un judío con un gorro de papel periódico 
que baila llorando por el dormitorio 
sobre el rechinante mar de tablas 
del marinero ido 
que da cuerda al reloj 
que da la hora 
del hombre atareado 
que está en la casa de los locos. 

Éstos son los años y los muros y la puerta 
que se cierra sobre un muchaho que golpetea el piso 
para saber si el mundo está allí y si es plano. 
Éste es un judío con un gorro de papel periódico 
que baila alegremente por el dormitorio 
en los mares de tablas que se van 
más allá del marinero de los ojos en blanco 
que sacude el reloj 
que da la hora 
del poeta, el hombre 
que está en la casa de los locos. 

Éste es el soldado que vuelve de la guerra. 
Éstos son los años y los muros y la puerta 
que se cierra sobre un muchacho que golpetea el piso 
para saber si el mundo es plano o redondo. 
Éste es un judío con un gorro de papel periódico 
que baila con cuidado por el dormitorio 
caminando sobre la tabla de un ataúd 
con el marinero chiflado 
que muestra el reloj 
que da la hora 
del desdichado 
que está en la casa de los locos.
 
Elizabeth Bishop

traducción Octavio Paz
imagen: Richard Avedon

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres